sábado, 6 de noviembre de 2010

Crimen y castigo

Yo estuve con Raskólnikov el día del crimen. Crucé San Petersburgo bajo dardos de culpa. Crucé San Petersburgo sin pisarla. Me confesé a Sonechka. Se colaron en mi cuarto cerrado las merecidas sombras del delirio. Me confesé a Sonechka. Mentí. Pasé la fiebre. Me confesé a Sonechka. Me confesé a Sonechka.

3 comentarios:

Adaldrida dijo...

¡¡¡Proemón!!!

María M. Bautista dijo...

¡Gracias! Bonita palabra.

Sico Pérez dijo...

Como Raskólnikov me bautizaron. Nunca confesé, hasta ahora que los dardos de los que hablas me han apuñalado. Muchas gracias Sonia, me he quitado un peso de encima. ;)