martes, 13 de abril de 2010

Los ojos limpios


Giovanni Bellini (1426-1516) tenía casi noventa años cuando realizó esta pintura, tan sólo un año antes de su muerte. Había tenido que pasar todo ese tiempo para que pintase su primer desnudo femenino, como protagonista absoluto de una obra. ¿Cuáles son los motivos? Principalmente supongo que un encargo: sin mecenas no hay obra, salvo en contadísimas excepciones. Pero hay que ir más allá y ver en esta pintura el intento de un anciano para adaptarse a los nuevos tiempos, a los cambios en el arte. En 1515, Rafael y Miguel Ángel tenían ya el dominio de la escena en la Italia del centro; y en Venecia, la ciudad de Bellini, Giorgione, su discípulo, ya había fallecido, y Tiziano comenzaba a destacar como el más grande de los venecianos. El arte religioso se había convertido en toda una galería de símbolos paganos y el desnudo se confirmaba como la más perfecta representación de la belleza y de la verdad, pero también de una sensualidad cada vez más explícita, sobre todo en Venecia.
En este contexto, imagino al anciano Bellini realizando su primer desnudo. Y ésta es para mí una escena entrañable: el pintor mira a la joven como quien mira la juventud perdida y los días felices ya lejanos. No tiene la sensualidad de sus discípulos: es una pintura mucho más reflexiva que pasional, y a la vez muy ingenua.
Ella no sabe que la están mirando. Él la contempla con los ojos limpios.

3 comentarios:

Jesús Beades dijo...

"Los ojos sabios del anciano saben
vestir la desnudez de la luz blanca.
La sola desnudez de estarse apenas
de espaldas a un ocaso de azul frío,
a solas sin pensar en casi nada.
Los ojos bajos del pudor callado
frente a los ojos limpios que contemplan,
frente a los ojos sabios que los pintan,
y nosotros, que no nos atrevemos
a ensuciar este aire detenido.

No sé, aquí hay el germen de un poema. Mejor escríbelo tú.

María M. Bautista dijo...

Si me sale lo escribiré, pero si no se quedará en este texto. Además, me parece estupendo que lo escribas tú, hace ilusión sentar las bases de un poema, aunque luego se encargue otro de llevarlo a término. Enhorabuena.

Artemi dijo...

Genial, la ingenuidad de la mirada... Un día hablé con un pintor vasco bastante consagrado y me contó sus problemas para pintar un desnudo (por lo visto, todo pintor de renombre debe hacerlo). Él lo hizo, pero con esa mirada ingenua de Bellini. El poema-germen es fantástico, no sé quién debe continuarlo, pero alguien, desde luego.