jueves, 21 de noviembre de 2013

Mi sombra y yo alargadas
bajo el disco solar que se desploma;
oscuras, invisibles
si se cierra la noche;
nuevas, mi luz y yo
cuando comienza el día.

Mis pasos me conducen hacia mis propios pasos,
mis gestos son espejo de mis gestos,
lo que digo lo he dicho ya mañana.
Los altísimos ojos de párpados inmóviles
de las casas conocen mis horarios.
Los que me observan siempre son los mismos.

Hay algo ritual en la rutina:
el drama de la muerte cada noche,
el renacer en las acciones mínimas,
el regreso al lugar del que venimos.
Y el nudo del deseo
que es nuevo cada vez y es invariable.

Mi vida es imitación de vida
y recreación de muerte
y volver a tus brazos.
Allí el mundo y el tiempo flotan lejos:
islas soñadas en la duermevela.

María M. Bautista, noviembre de 2013

jueves, 14 de febrero de 2013

El miedo y el misterio


Yo solo soy el miedo y el misterio,
la muerte inexplicable y conocida,
las vibrantes paredes de Chauvet.

Llevo conmigo
su oscuridad quebrada por soles fabricados.
Su tiempo detenido
late en el vuelo breve de mis días.

Vivo porque no sé nada vital:
por qué se muere
el gorrión del aliento
y es hueca la presencia del cadáver:
ese estar y no estar, irse y quedarse.

Yo solo soy el miedo y el misterio,
el galope de dudas y de asombros,
las vibrantes paredes de Chauvet.

María M. Bautista, febrero de 2013

domingo, 18 de noviembre de 2012

Para Elisa


Nunca supe escribir sobre la muerte.
Pero el mundo ha llorado
dentro de ti y fuera de tu casa
desde que el sol se puso a mediodía.
Supongo que es la música callada,
la que canta en las tumbas,
la que canta en las ruinas, la que rige
el baile blanco de los hospitales,
la misma que te está rajando el alma.

María M. Bautista, octubre de 2012


martes, 8 de noviembre de 2011

Periferia

Hay instantes en los que el sol y el alma están en vilo: en los minutos que preceden la noche en el vagón de un tren de cercanías. Porque el sol se adormece entre los cables, como un dragón de luz que se desangra sobre el abismo del mundo. Tal vez entonces alguien, alguien que no esperó jamás encontrar nada aquí en la periferia, se quede boquiabierto. Luego, después de esos momentos vacilantes, caerán el sol y el monstruo bajo la red pesada de la noche. Pero aún tenemos otro motivo más para vivir perplejos: toda una fiesta de luces que se cruzan, de silenciosas fábricas, de trenes sibilantes, de campos apagados nos espera. 

jueves, 6 de octubre de 2011

Otro sol y otros pájaros

Si muerte es el vacío que uno deja, la vida del que marcha a vivir otra vida se parece a la muerte. Muerte porque lo alumbra una luz que no vemos, negra como el olvido y el dolor del recuerdo, y duerme bajo el cielo de una noche lejana.
Y en esa noche dejan los murciélagos el rastro de sus vuelos geométricos y a tientas. Pero son otros. Otras estrellas tienen sus ojos sobre el mundo. Y otro sol amanece y otros pájaros.

Muy lejos de esa noche, la mañana termina con el sueño en el que vimos a ese que ya no tiene voz ni sombra. Este sol y estos pájaros señalan el lugar donde no existe. 

sábado, 30 de julio de 2011

Tel Baruch


En cada playa del mundo el mundo acaba. Una llanura de cielo y flor de espuma conduce al horizonte y al abismo. Y hacia allí se encaminan los incautos: yo los veo luchar contra la sed y el agua, dejando atrás las cosas que han amado, las huellas que han dejado, las altas torres de la ciudad blanca. Ellos se ven titanes que rozan la victoria. Los que quedan atrás, en la orilla de sol, los ven agónicos en un lecho lejano y agitado.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La huella de una sombra

Lo que escribo es la huella de una sombra o el rastro ya borrado del vuelo cegador de los cometas. No es ni siquiera el sol de los eclipses. Ni lo que queda cuando tú te marchas.

martes, 3 de mayo de 2011

Radiografía

He visto el esqueleto de mi alma,
y no he tenido miedo.

Yo no he visto los huesos
que calmarán el hambre de los buitres,
o encontrarán su tumba bajo el agua,
entre la sal y los naufragios.
No todavía.

Tampoco he visto en ellos cicatrices:
quizá no he estado nunca en la batalla,
siguiendo las estelas de los tanques,
golpeando otros huesos con mis huesos.
No todavía.

He visto el esqueleto de mi alma:
era una catedral del siglo XIII,
sólo nervios y vanos,
y nada alrededor, clara y oscura.

María M. Bautista; febrero 2009

martes, 19 de abril de 2011

Vampiros en Mesopotamia

Cortadles los tendones o atadles los tobillos, pero que no regresen del subsuelo. No dejéis que regresen. No dejéis que abandonen el espacio asfixiante de la tumba. Ellos envidian vuestra piel caliente y el sol con que peináis vuestros cabellos. Envidian el placer y los ratos ociosos. Tienen cuentas pendientes y envidian vuestro tiempo, vuestro ocaso lejano. Vendrán para teñir de negro la esperanza, de rojo la piel blanca. Vendrán para arrastraros al sótano del mundo:
envidian el dolor con el que dais la vida.